4 años han sido necesarios para que los más de 2.000 metros cuadrados de bóvedas, nervios y columnas que Dionís Vidal pintó, allá por el siglo XVII, recobren todo su esplendor.
Más de 40.000 horas de trabajo, un centenar de profesionales y la colaboración del especialista italiano Gianliugi Colalucci, restaurador de la quizá obra más famosa de Leonardo da Vinci, La capilla Sixtina, han dado brillo y notoriedad olvidada a la pequeña Parroquia de San Nicolás en Valencia.
Los primeros días de la iglesia se remontan al gótico y formaba parte de las llamadas primeras doce parroquias cristianas de la ciudad. Ha sido varias veces reformada a lo largo del tiempo y constituye un ejemplo de transformación del estilo gótico a la ornamentalidad del barroco.
Tras la última restauración, el resultado es impresionante: la cantidad de luz y color que ofrece ahora deslumbra. Ya no es todo tan negro, el carácter narrativo de la nave ha cogido vida. Se puede ver en sus frescos la vida de San Nicolás así como la historia de San Pedro, los dos santos a quienes la iglesia está dedicada.
Los elogios a la restauración han sido numerosos tanto a las técnicas empleadas como al valor cultural (y turístico) que aporta al conjunto de la ciudad. Ayuntamiento, vecinos y visitantes se muestran exultantes por la revitalización de un recurso olvidado durante demasiado tiempo.