VIAJEROS DE AQUELLOS QUE…

Arturo Perez Reverte lo describía con su estilo propio y genial: «El chico que ahorra para ir al Louvre a ver la Gioconda, que sueña con verla y coge la mochila y se paga el viaje, llega a la Gioconda y hay cincuenta mil turistas a los que les importa un pito la Gioconda, pero están en un circuito y hay que ir por cojones, y entre una cosa y otra el chiquillo se va sin ver la Gioconda, porque está todo lleno de Belenes Esteban para quienes la Gioconda es una etapa más del recorrido turístico obligatorio al que llaman cultura popular»

Solo hay que entrar en cualquier museo prestigiosos de Londres, Paris o Madrid para hacerse una idea de este modelo de turismo; gente que va de sala en sala sin saber que mira o deja de mirar, que no les gusta el arte ni tratan de entenderlo y que solo han entrado en ese museo porque va en el “pack” de viaje y hay cierta pintura famosa que han visto por la tele.

Pero nada es para siempre, las cosas cambian y por fortuna se ven otro tipo de turistas y viajeros; aquellos que buscan otro tipo de alojamiento, de descubrir la ciudad, sus gentes y sus rincones. Aquellos que se integran en la ciudad y consiguen ser una parte más de ella.

Aquellos que viven el lugar que visitan, que lo respetan, que se integran, que los imitan y aportan su personalidad al conjunto.

Aquellos que prefieren hacer coachsurfing, un freetour o  que se dejan recomendar por un “desconocido” de la ciudad sobre barrios donde comer o dar un paseo.

Aquellos que además de visitar un país, una ciudad, una cultura y una gente nueva se entregan en cuerpo y alma para poder ayudar, en forma de voluntariado con los más necesitados de la región “visitada”.

Aquellos que quieren aprender y desarrollarse como personas y habitantes de este planeta común para todos.

Aquellos que se llenan el alma de satisfacción y alegría y el cuerpo de dolores y arañazos bien llevados.

Aquellos de mochila al hombro y equipaje ligero para los que el “por si acaso” no existe.

Aquellos que se aprenden 4 frases en el idioma local y no tienen miedo de intentarlo, con unas ganas locas de querer aprender más.

Aquellos que no tienen un plan ni rumbo fijo, quienes se dejan llevar, juegan al azar y nunca saben donde pueden acabar (o comenzar).

Aquellos que no buscan el lujo ni lo caro si no lo auténtico y real.

Aquellos que se llevan recuerdos en la mochila, contactos de Facebook y amistades ¿para siempre? 😉

 

 

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